miércoles, 24 de marzo de 2010

Reflexiones de Una Barbie en su Caja: LA DEVALUACIÓN Y LAS COMPRAS NERVIOSAS

DESDE LOS MÁGICOS APARADORES DE UNA JUGUETERÍA, UNA TRAVIESA Y MULTIDISCIPLINARIA MOZUELA BUSCA LA FORMA DE ENTENDER MÁS A ESE MUNDO QUE LA RODEA. ESTAS SON: LAS REFLEXIONES DE UNA BARBIE EN SU CAJA; MOMENTOS PARA SACAR A LA LUZ LOS PROFUNDOS PENSAMIENTOS DE DE UNA CABEZA QUE ESTÁ HUECA. EL DÍA DE HOY: LA DEVALUACIÓN Y LAS COMPRAS NERVIOSAS.

¡HOLA! YO SOY LA BARBIE SHOPAHÓLICA, A LA QUE LE PONES UNA CAMISA DE FUERZA CUANDO HAY DESCUENTOS…
CUANDO LLEGAMN MEDIDAS ECONÓMICAS QUE AFECTAN NEGATIVAMENTE NUESTRAS FINANZAS, ES COMUN QUE TRATEMOS DE RESPALDAR NUESTROS ACTIVOS LÍQUIDOS EN BIENES DE CAPITAL, COMO SON LOS ARTÍCULOS DE TECNOLOGÍA, PERO UNA COSA ES RESGUARDAR EL PATRIMONIO FAMILIAR Y OTRA ES IR COMO UNA JAURÍA SEDIENTA DE PLASMA A LA TIENDA DEL TURCO A GASTARSE LOS REALES OLVIDANDO QUE TIENEN QUE HACER EL MERCADO EL FIN DE SEMANA. HAGAN COMO YO, QUE EL DVD Y LA LAPTOP VIENEN INCLUIDAS EN MI CAJITA…
(BARBIE HISTÉRICA)
¿QUÉ, QUE? ¿NO VIENEN INCLUIDAS? ¿Y ENTONCES?… ESTO ES UN ROBO, ¡CÓMO ES POSIBLE CHICO!, LLAMAME AL GERENTE PORQUE DE VERDAD… ¡KEN!, ¿DÓNDE ESTÁS? SACA LA DORADA MIJO QUE ME QUIERO LLEVAR LA NEVERA Y EL EQUIPO DE SONIDO PARA EL CARRO…


ESTAS FUERON LAS REFLEXIONES DE UNA BARBIE EN SU CAJA, MOMENTOS PARA SACAR A LA LUZ LOS PROFUNDOS PENSAMIENTOS DE DE UNA CABEZA QUE ESTÁ HUECA.

martes, 2 de marzo de 2010

Confesiones del Lecho Mortuorio

Epitafio: Galilea nació, vivió y murió, y aquel que no baile en su tumba es pupú de perro.

La tía abuela Galilea era una doña muy jocosa, salió corriendo de España a los 12 años, porque la menstruación era un tema de comunistas.

Se instaló en Carayaca, donde su padre se dedicó a la cría de cerdos con la ayuda de sus paisanos, para luego convertirse en el presidente de una de las principales charcuteras del país.

Se casó con un canario de 4ta generación, que si bien no cantaba, siempre traía el pan para la casa.

Tuvo hijos y los hecho "pa'lante". Se graduaron y se casaron, por lo que pudo alquilar sus habitaciones a estudiantes que venían del interior- nunca dejó de ser maternal.

Después del fallecimiento del tío Alfonzo, Galilea alquilaba sus habitaciones ya más por gusto que por necesidad. Le dió asilo a artistas que hoy son venerados y la recuerdan con amor por los pasteles que les preparaba.

Galilea no pedía depósito, sino cuadros. Ahorita de valor incalculable, y unos pocos exibidos al lado de la cónsola de teléfono de la casa de uno de sus hijos.

Moderna y vivaracha, no le daba asco sentarse en el gran café con los intelectuales, donde demostraba que no se necesitaba estudiar en La Sorbona para hablar paja de la vida.

La doñita nunca se cayó nada, si bien nunca presidió condominio o junta vecinal alguna, forjó las bases de lo que la gente recuerda como una era solidaria.

En sillas de rueda y con una artritis que no le dejaba dormir, marchó y protestó... Porque ella no es pendeja.

Ahora que nos ha dejado la tía abuela, no tiene una plaza en su honor o una placa en una esquina del centro; sólo vive la llama del consejo tácito que dio a mas de uno... Siempre habrá un mañana.

domingo, 21 de febrero de 2010

Museíto ayer y hoy

"Bien sabido es: que mientras más grande se es, más dura es la caída ha de ser". Cartas de los Cojos a los Gigantes (12:03).

Muesíto era un niño sano y felíz, nacido en el año 1980, de padre profesor de filosofía en la UCV y madre psicóloga.

Museíto gustaba de muchas cosas durante su infancia, como realizar experimentos con lupas y hormigas en el jardín, hacer papel reciclado usando loas birutas de documentos destruídos por el CONAC, jugar fútbol en un equipo multiracial y usar u arcoíris como tobogán.

Museíto era inteligente, muy adelantado a su época para ser exacto, en su casa habían juguetes sensacionales que todos los demás niños querían usar cuando estban de excursión. Mas que un gallo era un RockStar.

Museíto llegó a la adolescencia, y como imágen de la educación infaltil posó desnudo junto a su hermana melliza para mostrar los cambios que sucedían en sus cuerpos.

Museíto consiguió entrar en la UCV con la ayuda del papá y el patrocinio de la fundación del niño, aunque nunca vió la necesidad de tener una carrera, ya que la fama era suficiente para vivir en su mundo de excesos ciéntificos.

Sin haber llegado a la mayoría de edad, Museíto se caía a palos en el Cordon-Bleu, inhalaba rayas de una milla sobre el cuerpo de una prostituta tailandesa y probó los placeres del sexo homosexual en un cine continuado del centro de Caracas.

Cuando se acabó el presupuesto, Museíto se dedicó al tráfico de estupefacientes en Sabana Grande, cubriendo su lucrativa actividad con la venta de artesanía e inciensos, sobre una gamuza roja que cubrían un metro cuadrado de adoquines del boulevard.

Mas de una vez ofreció su cuerpo por dinero cuando la cosa se ponía ruda y los pacos le quitaban la mercancía. Tomaba el metro desde Bellas Artes y llegaba hasta Plaza Altamira. Desde ese punto caminaba bajo la sombra de la noche hasta Parque Cristal, sobándose el paquete una y otra vez, esperando que algún baboso le diera unos cuantos miles por una lechada.

Nunca tuvo problemas de clasismo o racismo que le impidiera ofrecer su cuerpo a todo aquel que le diera algo para comprarse unas piedras. Maduros, viejos, jovenes, solteros, casados, taxistas, ejecutivos o empresarios, a todos se les entregaba sumisamente mientras inhalaba un frasco de poppers.

Con los reales ganados, se perdía en Cuyagua durante semanas junto a su novia. Fumando panelas de ganya, bebiendo ron, durmiendo en el taller de un pana y haciendo pulceras para vender en las playas.

Ahorita Museíto se ha vuelto chvista, por convicción y necesidad, y recordando sus antiguas glorias, sirve de imágen en desnudos a favor de políticas bolivarianas de racionamiento de agua y luz.

viernes, 19 de febrero de 2010

TRANSUSTANCIACIÓN

La piscina se veía particularmente cálida. El azul del agua me recordó las playas paradisíacas del Caribe. Su borde se agitaba ligeramente reflejando la luz en todas las direcciones. Tuve que detenerme a disfrutar de los colores, ignorando el olor a cloro que, definitivamente, desviaba mis recuerdos en otra dirección. A diferencia de otros días, no me lance desde el trampolín sino que bajé, lentamente, por la escalera lateral. Un escalofrió recorrió mi cuerpo y tuve el presentimiento de que en esta oportunidad todo sería distinto.

Así fue. Comencé a calentar nadando de pecho. A los veinticinco metros tuve un pensamiento extraño. Yo era quien daba las brazadas, pero me parecía que la acción la ejercía el agua, acariciándome. Esta idea se apoder
ó de mí y, como por arte de magia, un gran placer me invadió de inmediato. Ahora nadaba envuelto en miles de gotas complacientes que se agrupaban para excitarme deslizándose por mi piel. La vuelta a los cincuenta metros fue un conglomerado de sensaciones indescriptibles. Ahora me concentraba en ir lo mas lento que me era posible y disfrutar de ese masaje tan seductor.

Llegando a los setenticinco metros y cargado de voluptuosidad, vino a mi otro discernimiento. La piel es un borde que me separa del mundo, pero solo en su lado interno. En lo que ser
ía mi lado externo es, por encima de todo, lo que separa al resto del universo de mi cuerpo. Saber esto me hizo sentir uno con la piscina y con el mundo. Ya no nadaba, era parte de un vaivén sensorial que me desbordaba. Fue allí cuando vino la convicción de que yo era "el falo de Dios" y que el agua, en realidad, eran sus manos que lo frotaban. Mis brazos y piernas yendo y viniendo quedaron opacadas por esas manos que me agarraban. La intuición de Dios masturbándose fue una luz enceguecedora que me hizo perder la noción del tiempo y de mí mismo; ya no sabía donde estaba y no me importaba.

Justo antes del momento cumbre pude vislumbrar, de manera borrosa, al salvavidas que insist
ía en pegar su boca a la mía. Como pude lo alejé y escupí un gran chorro de agua. Hubo un alivio indescriptible y no supe mas hasta que desperté en el cuarto de primeros auxilios del centro deportivo. Algo me decía que no comentara lo ocurrido. Así que, aturdido, salí del lugar diciendo que no necesitaba compañía para ir a casa y que luego haría el chequeo médico que, según ellos, era muy importante. Ha pasado un tiempo desde entonces y hay algo en mi pecho y en mi mente que pide a gritos salir al mundo. Era lo que me hubiese gustado decirle a aquel salvavidas impertinente. Ahora se que es un mensaje mas profundo. Acá lo dejo por si alguien más ha sido tocado como yo y no ha podido, aún, poner en palabras su experiencia. Como todas las grandes verdades, viene en un enunciado sencillo: la semilla de Dios no puede ser acaparada.

Epístola del profeta y mal nadador a los organizadores del masturbatón (4, 2-5)

viernes, 22 de enero de 2010

El banquete de los marginados

Corrían los años 70's, y tal como si de un maratón se tratase, los dìas pasaban volando en la Caracas de la Venezuela Saudita: una ciudad mágica y cosmopolita que se vanagloriaba de las virtudes de la democracia y el dólar a 4,30. Según antropólogos, historiadores y actuales treintones y cuarentones, se vivía tan bien que la gente pensaba que Miami era una alcaldìa más donde los fines de semana se hacìan las compras.

De todo esto, hay cosas que nos hacen pensar que no todo era tan feliz, ya que la pobreza actual no se puede pretender salida de manera expontánea, como si de una maldición se tratase. Porque, dentro del glamour de la música disco, la cocaína y los litros de escocés derramados en las prestigiosas fiestas del Chino Cano, también había indiferencia e incomprención.

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Son las 9 de la noche y Sofía no salió a trabajar, la falta de electricidad ha afectado el alumbrado público y la cosa no está muy fácil: la semana pasada Mataron a coñazos a la Yoli -Yolanda: una de las veteranas compañeras de labor de sofía-, unos malandros fueron a la esquina de la Yoli para pedir sus servicios, y la muy estùpida les ofreció otros juguetes adicionales, cuando los tipos se percataron que tenìa encima unas cuantas piedras y otras bolsas de perico, fue más grande las necesidades de vicio y bussiness que las ganas de revolcarse con la puta. La Yoli se resistió, pero los tipos lograron golpearla y dejarla indefensa, le quitaron todo, absolutamente todo, y por más que tuvieran la mercancía y los churupos de una mujer ahora llorando ensangrentada, saciaron sus ancias de violencia con ese esperpento de humanidad. Sangre y dientes rotos... Ahí dejaron a la pobre puta que muriera desangrada y se convirtiera en el espetáculo matutino de los niños que se dirigían al Colegio Bolivariano de la zona.
La calle se ha puesto muy peligrosa, y Sofía ha decidido quedarse esta noche y descansar su coñito por una noche. Ha comprado queso telita y unas cachapitas, un paquete de cigarros y una botella de brandy: - ¡Del más barato mi portu!... Esta noche libro y quiero gozarme una buena pea.

Subiendo las escalaeras, siente una cierta alegría que necesita compartir. La noche es jóven y hace un friito rico, no es momento para estar sola bebiendo brandy frente al televisor, sería grato un poco de compañía que no pague ni le llene de saliva la cara mientras es penetrada de la manera más insatisfactoria posible. Toca la puerta de la habitación 2-B, y con un beso en cada mejilla es saludada por una morena alta ataviada con una pequeña minifalda de cotonlicra rosada, un pelucón amarillo y una cotica ajustada a un pecho totalmente plano. Era él, Deseo, su amigo incondicional desde que dejó el pueblo y se vino a la capital.

Pasan las horas, y la botella de brandy casi se ha vaciado, no quedan cachapitas ni queso telita; sólo queda para el resto de la noche unos cuantos cigarros y el repertorio de La Lupe.

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Algunos no tienen idea de lo fácil que es sonreir cuando se está en la boca del lobo.

jueves, 14 de enero de 2010

Antigua de Profesión

Son las 10 de la mañana, y sofía se despierta aún soñolienta se levanta y se prepara un café. Echa una repectiva meada en un baño humilde pero limpio. Nota cierta irritación durante la micción, lo que significa que mañana tendrá que levantarse más temprano para poder agarrar un número en el seguro social para ser atendida por algún ginecólogo de la salud pública. Si un carpintero está pendiente de que su serrucho conserve su filo y el taxista está pendiente que a su carro no le falten sus fluídos, una prostituta debe cuidar de su cuerpo porque es su capital, su local y herramienta.

El café está listo, se sirve un buen pocillo con un chorrito de canelita para ponerse a tono desde temprano. Deja que los vapores de la infusión licorizada ahora inunden sus fosas nasales para luego deleitarse con ese elixir con sorbos cortos. Encuentra un ponqué en su cartera, maravilloso hallazgo para completar el banquete matutino, obsequio de uno de los clientes más asíduos: un hombre casado y mal querido, al que los reales no le faltan pero su corazón está vacío, de esos que sólo quieren apurruñarse empiernado en el lecho después de una corta sesión coital llena de besos babosos y caricias de manos carrasposas. A esos hay que dedicarles más tiempo, por lo que es preferible tomarlo con cita o colocarlo de último en la fila para no perder el resto de la noche. Sólo son 5 horas, entre las 12 de la noche y las 4 de la madrugada, las que se pueden dedicar a una profesión que se desarrolla a la luz de un poste de alumbrado público.

Remoja el ponqué aplastado en el café, ambrosía para el hambriento, mientras ojea una revista de modas con 3 años de antigüedad que encontró en la basura; será material viejo, pero es la única fuente de consejos de belleza para llevar al día el look kirsh requerido para una cortesana. Ojos empegostados de rimel, sombras plateadas y azules desde la base del párpado hasta la línea de la ceja, colorete, polvos para bajar el brillo de una cara grasosa y el respectivo labial cremoso que terminará en los dientes de un momento a otro. Podrá resultar de mal gusto, pero es gracias a estos artilugios juglares que son fácilmente reconocidas en las calles durante las noches a kilómetros de distancia, es promoción y seguridad...

Se arregla un poco para salir a la calle, ya que como cualquier mortal tiene que hacer diligencias y realizar el acto circense de la administración de los churupos que ha conseguido la noche anterior. Paga la pieza donde a penas duerme, aunque es su refugio del salvaje mundo. Manda unos cuantos billetes a sus familiares en Valle de la Pascua. Mira los anaqueles y vitrinas en los centros comerciales: vestidos, sombreros, blusas insinuantes y otros accesorios. Se pudiera decir que mira con envidia y recelo, porque no le alcanza el dinero para vestir cómo quisiera, aunque la verdad de dicha observación minuciosa es el copiado de las piezas de moda, así podrá agarrar unas cuantas ropas viejas, unas telas, lentejuelas y canutillos, y se las dará a DESEO, un trasvesti peluquero vecino de ella, su único amigo y confidente, diestro con agujas y tijeras hace maravillas con pocas cosas y no le cobra nada.

Si... Es una mujer normal y trabajadora, con sueños simples pero pomposos, y sabe a qué atenerse, porque el hecho de ser de moral ligera no quiere decir que se carezca de ella.

Hoy Sofía no trabajará porque en su zona racionarán la luz, mañana tendrá que hacerlo el doble, son cosas del oficio.

lunes, 11 de enero de 2010

AMAR AL PRÓJIMO



Entonces el maestro, para explicar por qué odiaba a la mayoría de los sacerdotes católicos, narró la siguiente anécdota:

Corría el tiempo en el que la ciudad de la furia aun no se bañaba diariamente en sangre. No eran tiempos pacíficos, pero tampoco eran de los mas violentos. Aun así, aquellos sacerdotes venidos de España hacían de las suyas en colegios que, de cara al Ministerio de Educación, eran regidos por profesionales de la docencia. Eran esos que seleccionaban al personal y manejaban la institución de acuerdo a sus prejuicios y sesgos, mientras los directores eran solo títeres para conservar el permiso de llevar un centro educativo.

He aquí que en uno de estos liceos estudiaba Ramiro. Había que admitir que era un estudiante problemático; rebelde, envalentonado, contestón. Sin embargo, así como era obvia su agresividad, lo eran también sus problemas familiares. No había que ser un psicoanalista para saber que ese muchacho la pasaba mal en su casa y que sus progenitores, especialmente su padre, no daban a Ramiro lo que necesitaba para crecer saludable emocionalmente.

Llegado el fin del año escolar, los profesores hicieron su acostumbrado consejo. Cuando llegó el turno de evaluar el caso de Ramiro, casi todos admitieron que era una decisión dificíl. Solo el padre Benicio, hombre áspero y amargado, tenía clara la decisión: A ese coño de madre no lo quiero el año que viene acá, sentenció.

Todos callaron, excepto el profesor de psicología; sugirió que con la atención apropiada Ramiro cambiaría rapidamente. Todos los profesores voltearon a verlo, asombrados, pero se volvieron el padre Benicio quien, botando espuma por la boca, bufaba: Dije que a ese coño de madre no lo quiero el año que viene acá.

Ramiro no fue admitido al año siguiente, el profesor de psicología renunció para trabajar por su cuenta y, hasta donde se sabe, ese famoso liceo sigue regido por sacerdotes españoles que no conocen la España que surgió después de Franco.

Libro de Las Verdades, 3, 10-15.